domingo, 30 de abril de 2017

[Análisis] Dark Souls III: La Ciudad Anillada


La Edad del Fuego llega a su fin y con ella el viaje de nuestro Latente, pero aún queda una cosa por hacer, un pequeño rayo de esperanza para devolver el equilibro a un mundo que lleva miles de años sufriendo un ciclo inevitable de muerte y renacimiento. Debemos ir al lugar donde confluyen todas las eras, todas las civilizaciones que han pasado por el peligro de extinguirse la Primera Llama desde que Gwyn, Señor de la Luz Solar, intentara reforzar su fuego en vano. Allí, mezclado con las eras pasadas y futuras, se encuentra el hogar de los pigmeos, un último refugio y prisión para los herederos del alma oscura que nació del ser que lo empezó todo y fue devorado por el Abismo. Allí nos enfrentaremos a los más terribles enemigos, conoceremos aliados de muy cuestionables intenciones y, al final, podremos acabar con todo. Dark Souls III cierra la historia de toda la trilogía en La Ciudad Anillada.

Con Cenizas de Ariandel habremos conocido a un par de personajes clave para este segundo DLC y sin ellos no seremos capaces de presenciar el auténtico final, además de poder acceder directamente a la última aventura desde la capilla de Friede en vez de tener que esperar al final del juego. Aún así, nada obliga a los jugadores a tener ambos contenidos descargables y la experiencia de juego no será menos impresionante si el lore es algo de menor importancia para ellos. Lo que sí es casi obligatorio es tener un nivel alto, al menos cercano al 100, para poder afrontar los desafíos de las dos grandes zonas que conforman La Ciudad Anillada, incluidos sus cuatro Jefes, y conseguir todo el equipamiento que nos ofrece, como una veintena de armas y escudos, doce armaduras, seis hechizos y otros tantos anillos muy poderosos.
Nos encontramos ante una expansión de tamaño considerable para tratarse de un Dark Souls, y estoy seguro de que nadie se sentirá decepcionado con la inimitable aventura que viviremos entre los muros de la ciudad más importante y exclusiva de la historia de la Primera Llama.


Varios trozos de los edificios más importantes de Lothric, un conocido escenario de Dark Souls II en ruinas o un inolvidable y muy querido lugar del primer juego de la saga son algunas de las cosas que nos muestra la primera zona de este DLC al poco de entrar en ella, junto con algunos nuevos enemigos realmente peligrosos y nuevas quest de personajes secundarios. Pero no es más que la superficie lo que veremos durante las primeras horas, un revoltijo de eras atrapadas en un bucle temporal, pues tras este lugar de diseño y carga de lore brutal veremos con nuestros propios ojos la ciudad legendaria, todo un alarde de lo que suponen los escenarios y recorridos de Dark Souls
Enemigos poderosísimos (extraños clérigos, caballeros gigantes, criaturas de difícil descripción y hasta los primeros miembros de la humanidad), acertijos, caminos ocultos y alguna sorpresita "desagradable" para asegurarse de que no nos hemos confiado y dar una personalidad propia al DLC. Pero lo más destacable de todo es (obviamente) los Jefes, especialmente el último "obligatorio" y el opcional, muy originales y a la vez con cierta nostalgia en sus movimientos o el escenario de combate. Muy posiblemente sean, junto con el último desafío de Cenizas de Ariandel, algunos de los mejores y más impresionantes enemigos que ha dado la saga entera. No es exageración, realmente sorprenden como pocos antes.

Considero que el único fallo que tiene La Ciudad Anillada es la forma de abordar el desenlace de los tres juegos, ya que no tenemos cinemáticas ni escenas interesantes, sino simplemente una breve conversación a partir de la cual debemos dejar volar nuestra imaginación (conversación opcional que a muchos se les puede pasar), y quizás también que no es obligatorio haber accedido al final del juego base para entrar, afectando ligeramente al ritmo lógico de la aventura. Pero se compensa con esas batallas finales tan increíbles y todo el recorrido que nos lleva a ellas. En mi opinión nos encontramos ante el mejor contenido adicional de un Souls, con grandes zonas, buenos diseños y varios homenajes (uno de ellos encantará a los fans si logran seguir la misión de cierto NPC).
Se rompe el ciclo, se cierra una trilogía que ha logrado cosas increíbles en el mundo de los videojuegos y posiblemente no volvamos a ver un Dark Souls en mucho tiempo. El No Muerto Elegido se convirtió en leyenda, el Portador de la Maldición en Rey, y el Latente cambió la historia. Sin duda, es un final muy digno.

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