martes, 21 de octubre de 2014

[Análisis] Dark Souls II: La Corona del Rey de Marfil


La trilogía de Las Coronas Perdidas termina con la mejor y más trabajada de las tres entregas de contenido adicional de Dark Souls II: La Corona del Rey de Marfil.
En nuestra aventura por conseguir los símbolos de poder del Rey Hundido y del Viejo Rey de Hierro tuvimos que adentrarnos en una increíble cuidad subterránea y en una gran torre envuelta en ceniza, enfrentarnos a peligrosos seres capaces de envenenarnos y quemarnos y librar duelos épicos contra los guardianes de las Coronas. Era algo difícil superar esta puesta en escena, pero el último contenido descargable de la trilogía ha dejado a los otros dos en ridículo.



En Dark Souls II existía un lugar llamado Santuario de Invierno, una minúscula habitación únicamente accesible tras acabar con los enemigos principales del juego y que marcaba el comienzo de la segunda y aún más complicada mitad de la historia. Ahora ese lugar se ha convertido en un portal de acceso a Eleum Loyce, una antigua y próspera ciudad amurallada que sucumbió al caos y a la muerte para convertirse en un auténtico cementerio helado.
Una misteriosa voz femenina nos pide dar media vuelta y olvidar que hemos estado ahí, pero es obvio que no nos conoce.

Guerreros con recursos tanto a distancia como en cuerpo a cuerpo, un vendaval helado que nos impide ver con claridad y montones de cofres congelados que no podemos abrir. Ese es el panorama que nos presentan nada más entrar en la ciudad y está destinado a atemorizarnos e intentar tapar lo curtidos y preparados que estamos la mayoría de los jugadores a estas alturas.
Aún así el escenario es excelente, recordando mucho (hasta un nivel sospechoso, la verdad) al Mundo Pintado de Ariamis, una zona secreta del primer Dark Souls y tienes unos jefes finales muy divertidos.


El reciclaje de diseños está ahí, pero es mucho menos descarado de lo que ocurría en La Corona del Rey Hundido y La Corona del Viejo Rey de Hierro. Los enemigos son variados y muchos de ellos destacan bastante, aunque los más normales parten de la misma base que en los demás DLCs (humanoides altos y delgados que nos saltan encima).
Tan sólo hay un NPC propiamente dicho, la mujer que nos habla antes de entrar en Eleum Loyce, y tiene bastante peso en el lore de este universo al estar relacionada con el enemigo "definitivo" de Dark Souls y el Jefe Final de Dark Souls II. El problema radica en que la historia de estos personajes está incompleta y el desenlace, si es que lo recibimos, vendría en más contenido descargable de pago.

Los Jefes están a la altura de los brutales seres que enfrentábamos en las Coronas anteriores, sólo que esta vez no luchamos con un guardián o un guerrero relacionado con la ciudad. El enemigo final de La Corona del Rey de Marfil es el propio Rey y tanto la batalla como el escenario son lo mejor que hemos visto en todo el juego (supera en más de un sentido a Sir Alonne, del contenido anterior).


Antes de enfrentarnos al Rey de Marfil nos retará su "mascota", un enemigo prácticamente imposible de derrotar si no hemos explorado antes el resto de la ciudad y obtenido un objeto especial. También hay un Jefe opcional (más frustrante y poderoso que los opcionales de las otras Coronas), pero el Rey acapara todo el protagonismo.
El lugar de la batalla es más propio de un gran final de historia principal que de una pequeña expansión y tiene unos portales que vomitan enemigos sin parar para apoyar al Rey. Con un poco de exploración y paciencia obtendremos cierta ayuda que, de nuevo, es más propia de un épico final de un título original.

El premio final es extender un poco la historia del juego en una conversación con el Rey Vendrick cuyo contenido depende de cuantas coronas tengamos. Con las tres coronas de los DLC y la corona de Vendrick descubriremos un poco más de la caída de Drangleic y también nos darán una "habilidad" especial, aunque ni por asomo alcanza las expectativas que nos dieron al anunciar esta trilogía.
Lo importante es que si no volvemos a saber nada más de Dark Souls II al menos hemos tenido un final bastante digno.

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