miércoles, 26 de abril de 2017

[Análisis] Dark Souls III: Cenizas de Ariandel


Tanto Artorias del Abismo como la Trilogía de las Coronas Perdidas fueron excelentes contenidos adicionales que complementaban las dos primeras entregas de Dark Souls. Nuevos enemigos, incluyendo algunos de los mejores Jefes Finales de toda la saga, nuevas zonas, todo tipo de equipo y accesorios extra para nuestro personaje y, seguramente lo más importante, una buena ración de nuevos detalles y explicaciones para una trama que siempre ha destacado por una enorme calidad gracias, en parte, a la complejidad para percatarse de todo sin perder explicaciones por el camino (por mucho que se empeñen en negarlo aquellos que juegan a Dark Souls sin leer nada ni fijarse en los innumerables detalles). Lógicamente, en la tercera y última entrega no podían faltar al menos un par de buenos DLC para cerrar la historia de los tres principales títulos Souls, al parecer de forma definitiva. Cenizas de Ariandel y La Ciudad Anillada son las dos expansiones de contenido con las que nos ha deleitado el equipo de From Software para culminar nuestras aventuras como Latente.

Y no, no es una forma de hablar ya que estos dos DLC juntos sirven para zanjar la trama de la maldición de una forma bastante inesperada y algo críptica, incluso para los estándares de la saga, mientras relaciona (a veces de forma sutil, otras no tanto) las tres entregas para confirmar, al fin, que Dark Souls II forma parte del todo de una forma u otra (ellos mismos declararon hace tiempo que no era así, pero bueno).
Aunque esa tarea es algo que se deja casi por completo al segundo contenido, mientras que el que nos ocupa ahora mismo, Cenizas de Ariandel, sirve como preludio y nos presenta a nuevos e importantes personajes mientras exploramos una zona bastante interesante y nos enfrentamos a uno de los Jefes Finales más espectaculares. El DLC también incluye unas nuevas arenas para el PvP (combate con otros jugadores), aunque al no ser esta mecánica santo de mi devoción no puedo analizar esas nuevas zonas. Soy un jugador de Souls que busca buena trama y buenos combates contra Jefes, lo de machacar a otros jugadores lo limito a las ocasiones en que alguien comete el error de invadirme.



Se podrá acceder a esta nueva aventura una vez lleguemos a la Catedral de la Oscuridad, aunque es más que probable que en ese momento no tengamos un nivel que nos permita sobrevivir mucho tiempo y menos aún enfrentarnos al Jefe que nos espera al final (al menos si es nuestra primera partida). En la zona ya mencionada del juego base veremos al Caballero Esclavo Gael y, al poco de entablar conversación con él, seremos arrastrados al Mundo Pintado de Ariandel (el parecido con una zona del primer Dark Souls no es casualidad), un lugar frío y plagado de grandes peligros, ya sea en forma de nuevos enemigos como los Seguidores y los agobiantes Caballeros Corvian o con algunos recorridos llenos de trampas o caídas mortales.
El tamaño del DLC es similar al de una zona promedio del juego base, con media docena de hogueras (varias de ellas opcionales), una veintena de armas, cinco armaduras y dos Jefes, siendo uno obligatorio para completar la expansión y el otro totalmente opcional con una participación ínfima en el lore. Casi todo lo bueno se deja para el siguiente contenido descargable pero, aunque pueden obtenerse por separado y jugar perfectamente a uno sin el otro, están creados para funcionar como un todo relacionando a dos importantes personajes y el proceso para alcanzar el final definitivo de una larga saga de héroes malditos.

Si hay algo por lo que pueda destacar Cenizas de Ariandel es su impresionante Jefe Final, un combate en varias fases seguidas a un ritmo frenético y en un escenario que parece inspirado en Bloodborne (en realidad, muchas características del Jefe parecen basadas en cosas de ese juego). Merece la pena adquirir el DLC por este enemigo, por ver una nueva zona y por la relación con La Ciudad Anillada (sin Cenizas de Ariandel no se puede acceder al segundo contenido hasta el final del juego, por ejemplo). Está a la altura del mítico Artorias del Abismo o una de las tres partes de Las Coronas Perdidas, aunque el juego base es tan excepcional y estamos en una época tan complicada para los contenidos adicionales de pago que la impresión inicial puede no ser tan buena.


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