martes, 18 de marzo de 2014

[Análisis] Fallout 3 (2008): La guerra no cambia nunca.



Si tuviese que contar cuantas horas le he dedicado a cada videojuego, sin duda el que saldría ganando sería Fallout 3. No solo es el juego al que más horas he jugado (y aún juego) en total, también aquel que sin darme cuenta me ha proporcionado verdaderos maratones de partidas en un solo día.

No es por sus gráficos, que algunos consideran desfasados desde hace tiempo, ni por su más que decente historia o su ambientación única, es por todo el conjunto en sí que este juego de 2008 aún no ha tenido un solo rival digno en su género en todo el catalogo de videojuegos.



La serie Fallout (que significa algo así como lluvia nuclear) se desarrolla en un mundo paralelo al nuestro en el que las más grandes naciones de la humanidad entraron en la Gran Guerra debido a la escasez de recursos y a que Estados Unidos se había vuelto mucho más militar y agresivo (si, aún más). La sociedad se centró en el desarrollo tecnológico y armamentístico quedando varada en una cultura propia de los años cincuenta y afectada por las paranoias y desconfianzas de la guerra.
Finalmente, en el año 2077 la Gran Guerra llegó a su fin cuando EEUU, China y otros países de similar potencial se bombardearon unos a otros simultáneamente con armas nucleares, causando un autentico apocalipsis en todo el globo y exterminando a más de la mitad de la población.

Fallout 3 comienza doscientos años después de aquel día, con el nacimiento de nuestro personaje (en el cual participamos de forma totalmente personal) y la muerte de nuestra madre durante el parto.
Junto a nuestro querido padre, formamos parte de la reducida población del Refugio 101, uno de los múltiples búnkeres construidos durante la Gran Guerra para proteger a unas pocas personas privilegiadas del holocausto nuclear. En concreto, el Refugio 101 se construyó para mantenerse cerrado por siempre ante la creencia de que el mundo exterior ya no existía.


Sin embargo, toda esta forzada aunque eficaz felicidad se ve frustrada cuando nuestro padre abre la puerta del Refugio y escapa sin darnos explicaciones, lo que nos obliga a ir en su busca y aventurarnos en un mundo totalmente desconocido. Nada más salir del Refugio 101 nos encontramos en las inmediaciones de lo que antes era Washington DC, el lugar que más daño recibió durante la Gran Guerra por razones obvias, conocido por sus habitantes como Yermo Capital.

Durante la búsqueda de nuestro padre tendremos que adaptarnos a la vida en el Yermo y enfrentarnos a los numerosos peligros que acechan en el mundo postapocalíptico. Si bien encontraremos pequeños asentamientos pacíficos (aunque ningún lugar es seguro) lo más normal es que nos crucemos con humanos dementes y sádicos, criaturas afectadas por la radiación o experimentos fallidos del Gobierno durante la Gran Guerra.
Las opciones de supervivencia son limitadas, y solo haciendo un buen uso de nuestra inteligencia y de la experiencia que vayamos obteniendo durante nuestra aventura podremos mantenernos con vida.


Lo primero por lo que nos vemos afectados es la escasez de recursos. Los alimentos y el agua libres de radiación nociva son tan escasos que hallar una botella de agua purificada es casi un milagro (el tema del agua contaminada es clave en el argumento principal), las armas están desgastadas y se van rompiendo con el uso y los bienes de mayor utlidad, como munición e inyecciones de estimulante (el único medio fiable de curarnos), cuestan un dinero que no tenemos y que nos supondrá mucho trabajo reunir.
Solo podemos ponernos a explorar y rezar para encontrar un lugar seguro y suministros antes que un campamento de saqueadores locos.

La libertad es absoluta, ya que tenemos muchísimas misiones secundarias, alguna que otra tarea e infinidad de encuentros totalmente aleatorios que nada tienen que ver con la historia principal, la cual puede dejarse de lado todo el tiempo que queramos. Eso sí, realizar una exploración exhaustiva del mapeado puede desembocar en que la trama salte algunas misiones principales para mantener cierta lógica (llegar por casualidad a una ciudad por donde a pasado nuestro padre anula todas las misiones que conducían a ella).
Podemos pasarnos el juego varias veces y seguir encontrando personas y lugares que no conocíamos, lo que recompensa la gran rejugabilidad del título.


En lo que a nuestro personaje se refiere, Fallout 3 es puro RPG, permitiéndonos personalizar el aspecto físico inicial (lo cual también afecta al aspecto que tenga nuestro padre), la ropa que llevemos y lo más importante, nuestras diferentes capacidades para enfrentarnos al Yermo Capital.
Primero tenemos los puntos S.P.E.C.I.A.L., que van de uno a diez y determinan nuestro potencial en los aspectos más generales del personaje, siendo Fuerza, Percepción, Resistencia, Carisma, Inteligencia, Agilidad y Suerte.
Fuerza aumenta el límite de peso que podemos llevar, la efectividad de ciertas armas o el daño que causamos usando, por ejemplo, bates de béisbol. Percepción hace que se nos marquen antes los enemigos cercanos, nos hace mejores desactivando bombas y nos permite forzar cerraduras con mayor precisión. Y así con el resto de atributos.

Luego tenemos las trece habilidades que concretan más en los aspectos de la supervivencia y pueden ir desde armas pesadas hasta sigilo e incluso capacidad de conversación y persuasión. Todas las misiones pueden completarse de diferente forma en función de a cual le hayamos invertido más puntos, siendo algunas más adecuadas para cierto tipo de personaje pero casi imposibles para otro.
Finalmente, cada dos niveles ganados podremos escoger un extra que nos permita adquirir ciertas ventajas especiales o mejorar aun más nuestras habilidades predilectas.


En Fallout 3 se abordan varios temas interesantes como la guerra, el incierto futuro del ser humano o el instinto de supervivencia y se mezclan géneros como el terror, el gore y el rol, pero si algo hace especial a este juego es que le suma a todas esas cosas mucho humor negro.
Todos los dibujos y carteles acerca de los Refugios, la instrucción en armas y publicidad en general tienen al característico Vault Boy en ellos, un simpático muñeco que mantiene siempre una sonrisa y que se toma a chachondeo hasta las cosas más importantes, siendo una parodia de sí mismo.
Si ponemos la radio, podemos escuchar al presidente de los Estados Unidos, Edén, contar historias de su vida que no son más que las típicas americanadas que se han contado siempre para engañar al pueblo y ganarse su simpatía o a Three Dog, un simpático locutor de una radio independiente que se dedica a retransmitir un programa donde bromea acerca de la situación actual del mundo a la vez que da consejos a la buena gente.

Luego están los gnomos de jardín, siempre presentes en las cercanías cuando se da alguna situación grotesca o las referencias a multitud de películas, series y libros famosos.
Y mejor no hablemos de la posibilidad de que nuestro personaje se haga adicto a las drogas o al alcohol, únicos métodos de asegurarnos un aumento temporal de las habilidades como si nos dijesen que es cayendo en semejantes adicciones como se sobrellevan este tipo de desastres.
¿Si nosotros no nos tomamos en serio estas cosas, por qué iba a hacerlo un videojuego?.


Fallout 3 es un juego completamente único, que debido a su estilo de juego y su original forma de afrontar los temas más conflictivos de la humanidad no ha podido ser igualado por ningún otro videojuego en estos casi seis años que han pasado desde que salió al mercado (se desarrolló un juego "secuela" llamado Fallout New Vegas, pero con una ambientación diferente).
Cada vez que se realiza una conferencia de videojuegos o las empresas relacionadas con Fallout 3 se disponen a hacer un comunicado, somos muchos los que mantenemos la esperanza de que anuncien Fallout 4 pese a que sabemos que es muy probable que acaben ensuciando la memoria de este gran juego con la política actual en el medio: mínimo esfuerzo y máximo precio.

Por el momento, este Fallout 3 sigue siendo un juego del que puede disfrutarse y lo seguirá siendo durante mucho tiempo y eso, aunque muchos jugadores no lo sepan, es lo que significa ser un gran videojuego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario