Todo buen aficionado a los videojuegos ha probado al menos una vez cualquiera de los títulos que componen la infinita saga de Final Fantasy.
Los que nacimos a principios de la década de los noventa vivimos de primera mano el increíble Final Fantasy IX, lo que nos condujo a probar las otras dos entregas anteriores y en algunos casos esperar con ansia las siguientes.
A los emotivos momentos de la novena entrega se sumó el descubrimiento del inimitable Squall de Final Fantasy VIII y la alucinante historia de Final Fantasy VII, considerado uno de los mejores videojuegos de la historia. Tras ellos llegaron otros títulos, pero muy pocos de nosotros decidimos mirar más atrás y vivir en persona el origen de lo que en ese momento considerábamos videojuegos geniales.
Podría hablar de las seis entregas anteriores, pero sin duda alguna la que se merece mi más sincero aprecio es aquella que considero la mejor de toda la saga hasta ahora (y viendo el panorama, dudo mucho que sea superada).





