¿Sabéis esa reacción de niño pequeño e inmaduro, cuándo alguien dice que no ha visto tal película o no sabe quién es tal famoso y tú le contestas como si no te lo creyeras?
Pues Bioshock provoca esa reacción en mí ante gente que diga que le gustan los videojuegos pero que no ha jugado a esta saga.
El primer Bioshock supuso un punto y aparte en muchos aspectos de los videojuegos, revolucionando el mundillo con su estética, su difícilmente clasificable género y por ser, sin acudir a exageraciones, puro arte.
Tras una segunda parte que fue duramente criticada por ser igual de buena que la anterior (así, literal), el tercero y último Bioshock alcanzó tanto éxito como el primero, quizá más, ya que con el paso de los años los jugadores se han multiplicado.
Acabo de retomar esta saga, volviéndome a pasar el Bioshock 1, comenzando hoy mismo el 2, y dispuesto a adquirir el 3 (llamado Infinite) estas navidades, y no podía pasar sin dedicarle un pequeño comentario a cada una de las entregas.






